Mejorar el país con bonitísimas, tongas y chocolates

El ritmo de la ciudad y el trabajo de vez en cuando nos suele provocar un olvido del por qué hacemos muchas cosas. La semana pasada conocí gente y proyectos que entre chocolates, bonitísimas, tongas manabitas y buen trabajo, me recordaron la razón por la que me he dedicado los últimos años a trabajar en pro de la gastronomía y todos sus componentes.

Este espacio hoy va dedicado a: Tere, Rosita, Victoria, Rashell, Patricia, Edgar, Andrés, Victor, Álvaro y todos aquellos ecuatorianos y extranjeros que decidieron por su propia cuenta hacer patria en un país al que ciertos días hasta le perdemos la fe.

Estas personas de quienes les hablo hoy, me demostraron que se puede, que sí se puede, desde el provocar por cuenta propia buenas ideas para no solo buscar un fin económico sino generar una mejora desde sus propios espacios, hasta promover nuestra cultura y dejar un pedacito de lo que somos como ecuatorianos a cada uno de sus visitantes y clientes.

Entre conversaciones y momentos compartidos, varias preguntas para nada nuevas surgen al rededor de la mesa; ¿Y si no funciona? ¿Cómo logramos transmitir al cliente todo lo que sentimos y queremos? ¿Conocemos el mercado al que nos dirigimos? ¿Qué plus tenemos para ofrecer?

Todos algún momento al iniciar un negocio nos hicimos las mismas preguntas y más, lo mencioné en la crítica anterior, “Nuestra cultura no sabe aún de buen servicio pero tampoco sabe ser buen cliente” y quienes manejamos negocios más allá de brindar un producto o servicio, tenemos la responsabilidad de ir educando al cliente a la par de irnos educando nosotros mismos. Por lo menos a quienes nos importa mejorar algo.

Todo esto responde a lo también ya mencionado, al generador del negocio le cuesta desde la pintura para que lleguemos como clientes a un espacio bien decorado, hasta el salario de personal y su capacitación para brindar el tipo de servicio que cada uno quiere ofrecer. Pagos de impuestos inexplicables en ciertos casos, regulaciones de último momento que cambian panoramas completos, inestabilidad política, inseguridad y una lista de elementos que si sigo enumerando se me terminan los caracteres, a todo esto y más se enfrenta la persona que se levanta un día con una idea de generar un negocio propio y por ende, generar trabajo también para los demás.

Pero rudos como somos la mayoría, y lo digo en el mejor sentido, buscamos la manera de plasmar las ideas en la sociedad a pesar de todo lo que vemos que no funciona, porque si en algo puedo creer fervientemente es que los ecuatorianos generamos una maestría y hasta doctorado cuando pasamos la vida en un país tan bonito pero tan caótico como el nuestro.

Así es como con unas bonitísimas bien hechas y deliciosas, un chocolate que no pide favor a los grandes de la industria, una tonga que puedo decir es una de las mejores que he probado fuera de Manabí, y espacios que ofrecen reconfortar a los viajeros, (pronto les contaré a detalle de todos ellos) me doy cuenta que nuestra tierra tiene un poco más que ofrecer que solo malas noticias. Tenemos producto y gente que merece completamente el apoyo de quienes podemos hacer visible un poquito más el trabajo que realizan. Porque si todo gira en torno a la comida como solemos decir entre comunicadores “Solo se puede conocer a un país a través de su comida” y falta mucho por trabajar para que conozcan el nuestro.

Esto puede funcionar como un llamado desde varios sentidos, en lo público a generar espacios de diálogo que terminen en acciones cuando por muchos años un gremio clama por cosas tan básicas como seguridad políticas que ayuden a promover el país completo, no solo un par de atractivos. Desde lo privado, siempre hay algo que mejorar, tengamos en cuenta que no habrán cambios si no los provocamos desde dentro y que todo los resultados de un futuro son los reflejos de las mejoras que planteamos hoy cuando proponemos honestidad cuando decimos que todo se prepara en las cocinas, cuando pagamos y cobramos lo justo y cuando buscamos mejorar la experiencia de otros.

A fin de cuentas, creo que uno llega un momento en el que hay que dejar de quejarse solamente y actuar, porque solo entenderemos la cancha del otro lado cuando estemos en ella. Léase esta última parte desde su espacio poniéndose a pensar en el del otro.

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