Prácticas, saberes y enseñanzas ancestrales de la mano de pueblos indígenas

La Madre Tierra o Pachamama tiene vida, esencia y conciencia, aunque en varias dimensiones. Las rocas, los ríos, las plantas, los suelos, los animales, las montañas y otras formas de vida se configuran en una armonía. Por lo tanto se entiende como una fuente de vida, siendo las chagcras una forma particular de observar ese todo vivo y armonioso.

Las comunidades indígenas se basan en un calendario agrario y un calendario festivo muy relacionado con el ciclo del maíz, los pueblos desde siempre han sido ligados a la madre tierra sin  olvidar que todos los conocimientos y las tradiciones están marcados en el mismo.

Estas tradiciones se dan inicio con:

Kulla Raymi: (equinoccio de septiembre) una fiesta femenina que comienza preparando las tierras, algo que se ha venido descuidando en los últimos años, para esta preparación los indígenas hablan con ella, le ofrecen presentes y la titubean, de esta manera la misma logra recibir y dar vida, se convierte en el momento fértil de la tierra, cada ritual se lo hace con una sintonía acompañada de las personas, pero en la actualidad estos preparativos se han ido perdiendo debido a que se adelantan los tiempos de sembríos se fuerza a la tierra, afectando el ciclo de la vida.

Kapak Raymi: solsticio (sol al extremo sur) se realiza la ceremonia del Mushuk Warasiendo un ritual específicamente para los niños y adolescentes que están pasando por el proceso de ser jóvenes, realizando una ritualidad para dar continuidad a la vida como un adulto responsable.

En este tiempo las chagcras  están a punto de dar flores y es por esta razón que se asemeja el proceso de cultivo de las familias, en estas fechas es donde los indígenas deben cambiar y tomar decisiones, fortalecer su actitud de vida demostrando cambios generacionales en sus ceremonias.

Pawkar Raymi: (época de florecimiento) se celebra en febrero y marzo, esta fiesta se la dedica al florecimiento de los cultivos, lo que permite realizar la ceremonia del Tumarina (conexión entre el agua y las flores). Esta ritualidad es dirigida por las mujeres, taytas (padres) y mamas (madres), el agua es recogida de varias vertientes, se lo hace muy respetuosamente pidiendo permiso, estos rituales surgen en las madrugadas en casa de cada familia con la finalidad de acercarse a la naturaleza, conviviendo con ella y armonizándose a través del agua, flores y otros regalos. Esta fiesta se complementa con la festividad del Mushuk Nina (relación con la madre tierra y la naturaleza) la ritualidad del equinoccio del nuevo año que se empieza en las comunidades el 21 de marzo. Es muy cuestionado el nombre debido que no se conoce como Pawkar Raymi si no como Sisaypacha (tiempo del florecimiento).

Inti Raymi: (cuando el sol está en el extremo norte) se realiza la ceremonia de IntiHuatana (amarre del sol). En las diferentes comunidades este ritual se lo hace con la finalidad de activar la madre tierra y agradecer a la pacha mama con un altar  donde se colocan todos los granos que se recibieron en el proceso de la cosecha, celebrando el 21 de junio con la ritualidad del llamado del sol, con los baile, danza y música (para que regrese el ciclo del astro rey), demostrando que la vida para los indígenas no es lineal, sino cíclica (se repite regularmente cada cierto tiempo).

Esta festividad empieza desde el momento que las familias se organizan haciendo una minga para cosechar en las chagcras (hombres mujeres y niños), una vez cosechado vuelven a sus casas para realizar el proceso de la chicha siendo el punto de inicio de las fiestas. El ritual del baño fortifica la conexión con las deidades (espíritus de cascadas, vertientes, entronques de ríos) convirtiéndolos en uno solo con los espíritus.

Más allá de lo que se dice o se piensa, las verdaderas respuestas solo se pueden obtener a través de los mismos, siendo sensibles para escucharlos, porque si no a lo largo de los años se irá perdiendo su  identidad.

La actividad agropecuaria convive con la actividad artesanal que viene de años, dando crecimiento a las familias y escases de tierras; los jóvenes se han ido alejando para dedicarse netamente al comercio o a la artesanía y eso es para establecer nuevas fuentes de trabajo, siendo diferente a nuestros mayores que están ligados a la tierra.

Los jóvenes de ahora se han ido deslindando de su lugar de origen, pero dentro de los indígenas existe el respeto a la madre tierra y la interrelación con la pachamanca, lo cual reivindica la importancia  y la trascendencia de los conocimientos de los pueblos, dejando grandes enseñanzas a lo largo del tiempo y que si se llegarán a perder del todo se iría con estas una gran riqueza de conocimientos recolectadas por todos nuestros ancestros.

El cambio climático global y la contaminación han provocado graves crisis humanas y esto es el resultado de las actividades antropogénicas (impacto humano en el medio ambiente) desarrollado en el planeta tierra. Los días de empeoramiento de los diferentes escenarios han venido acelerando un proceso de deterioro de las condiciones adecuadas de la vida, por ende del producto que se obtiene de la misma, es por eso que las técnicas agrícolas han ido cambiando drásticamente con el pasar del tiempo.

Los conocimientos que nuestros antecesores han recopilado a lo largo de los años han sido para encontrar suficientemente recursos alimenticios, aún con condiciones hostiles que no se reflejan en la agricultura moderna, ya que su único objetivo es la comercialización de sus productos sin importar el método utilizado. Estos conocimientos tradicionales o ancestrales, contribuyen directamente a la conservación del medio ambiente y la biodiversidad. Los agricultores a partir de las experiencias adquiridas o heredadas de su cultura logran poner en práctica técnicas de uso adecuado de la tierra, el agua e incluso otros factores, como las fases de la luna; que generalmente constituyen realidades, metáforas y símbolos.

Las acciones humanas promueve el Sumak Kawsay (buen vivir) que tiene un enfoque que prioriza el concepto de compartir y pensar en todos, los productos materiales no son los más importante de este aspecto; los conocimiento, reconocimiento social, códigos culturales, éticos y espirituales tiene una relación directa con la sociedad y la naturaleza.

El conocimiento ancestral es un tema que no está muy tratado en la sociedad, es decir, es un argumento de gran importancia y al mismo tiempo presenta poco interés en los humanos. El rescate, la adaptación y la reutilización del conocimiento constituyen un objeto importante para cualquier sistema agronómico que garantiza la calidad de los productos para la comercialización. Usando este conocimiento también se puede lograr el reemplazo de los insumos y la conservación de la biodiversidad, los aspectos esenciales en la lucha por la seguridad agroalimentaria y la soberanía alimenticia; por lo que el trabajo actual apunta a reflexionar sobre el valor de su conocimiento y prácticas en la agricultura moderna, específicamente, está destinada a mostrar el efecto económico y ecológico que puede tener el uso de estas técnicas agotadas en las comunidades rurales.

Los saberes hereditarios son todo el conocimiento, práctico, gastronómico, mítico y valores, transmitidos de generación a generación en diferentes pueblos y culturas. A lo largo de la historia, las parroquias han conservado, recreado, mejorado y utilizado estas técnicas para satisfacer sus necesidades básicas, medicas, gastronómicas, de vida, comunidad y espiritualidad. En esto se puede mencionar, el conocimiento  agrícola (rituales de siembra, la lluvia, la fertilización del suelo, la cosecha), el conocimiento cultural (atuendos y  tejidos originarios); y el ganadero (técnicas de pastoreo, estándares de reproducción e indicación y ritos de curación de animales).

Las enseñanzas antiguas muchas veces no las encontramos en libros o en museos, es necesario palparlos vivencialmente e investigar desde su punto de origen, es así que conversando con José Churuchumbi, María Delfina Lechon Yanez y Manuel Sandoval, campesinos de la comunidad de la provincia de Imbabura, nos hacen un relato de su patrimonio intangible que está inmerso en la vida cotidiana y sustantiva de las comunidades indígenas, especialmente de los agricultores.

Nos cuentan que antes se sembraban en pueblas (terrenos abonados) los diferentes tipos de semillas: habas, papas, trigo y cebada, las mismas que eran abonadas con estiércol de borrego y vacas, esto consistía en dejar al lote de animales por 2 o 3 días en los terrenos donde se iba a sembrar, debido a que las familias tenían entre 70 y 80 cabezas de ganado, lo cual facilitaba el cuidado de los mismos y del suelo.

El humus fue otra alternativa después del abono con estiércol, el cual consistía en encerrar borregos en patios de cemento donde se colocaba suficiente aserrín de eucalipto en el suelo, cada 15 días se debía amontonar y colocar tamo (paja trillada) de trigo o cebada. El abono se recogía y se apilaba en un solo lugar, donde se lo humedecía con abundante agua para luego adicionar abono de cuy.

Se removía con el chinche (rasqueta o rastrillo) pasando 1 día, cuando llegaba a su punto de descomposición se colocaba en una caja de madera cuyas proporcionalidades eran de 15 metros de largo, por 1 metro de ancho, y 0.80 cm de alto. Para saber si el abono se encontraba en un estado óptimo y listo, se colocaba en la mano y se empuñaba, si el abono salía entre los dedos quería decir que estaba listo y se procedía a colocar las lombrices. Pasado 3 semanas el abono llegaba a tener una textura igual que la ceniza. El siguiente paso es acumular el abono en forma de lomo de caballo y colocar el estiércol de vaca batiendo con agua, se regaba por encima con el objetivo de que las lombrices trepen a la superficie para ser retiradas y así utilizar el abono orgánico.

Faltando un 1 mes para el tiempo de pascua o ramos se preparaban los terrenos para en el mes de junio sembrar papas y ocas, las habas (en fiestas de la virgen del Quinche) y en octubre se daban las ultimas siembras sin importar el tipo grano. En ese tiempo se sembraban: papa moronga, papa salta, papa uchu rumi, papa cuchispa (eran papas gruesas), papa yungara (papa chola), las cuales se han perdido como identidad dentro de la comunidad.

En aquel período se araba con yuntas, arado de hierro y toletes (mazos grandes) que eran utilizados para golpear los terrones (masas pequeñas compactas de tierra), que quedaban en el terreno, segundo se pasaba la ratra (igualado del terreno con la ayuda de un arado con una  piedra encima), se desplazaban  los toros de un extremo al otro al menos 3 o 4 veces hasta que la tierra quede homogénea y lista para sembrar. El arado con yuntas ayudaba a que los terrenos se mantengan a nivel, en la actualidad con el ingreso de las maquinarias (tractores) no existe un conocimiento adecuado de arado sobre los terrenos, por lo cual se dejan mojones (señales clavadas en el suelo)  desigualando el terreno, es por esto que muchos huasipungeros (trabajadores) dejaron de sembrar debido a que los terrenos empezaron a perder esa igualdad que le caracterizaba en la antigüedad.

En ese tiempo los taytas (padres) no consideraban primordiales a las vacas, por lo que la hierba, el tamo y las plantas de habas que eran cosechadas y golpeadas eran guardados primordialmente para los ganados aradores (toro). En la actualidad esto ha cambiado mucho, por lo que hoy se ven familias que prefieren la maquinaria aunque se pierda la esencia de la siembra.

Una tradición que se ha perdido es aquella que nos relatan ‘’la última siembra de papa’’ donde los huasipugeros antes de sembrar y hacer guachos (cobertura con tierra que se aplica en el cultivo de papa) se lavaban las manos con agua y flores, para sembrar utilizaban un talo (balde) donde se almacenaba y se servía chicha con un mate pequeño (fruto de forma esférica o cilíndrica de un árbol denominado Crescentia cujete que crece en forma silvestre en las zonas intertropicales), cuentan que antes solo se chumaban con chicha debido a que  era muy escaso el licor. Una vez que tomaban empezaban el proceso del arado de los terrenos.

El almuerzo en los tiempos de siembra se conocía como CUYUCHO en donde  se mataba cuy y gallina; se preparaba caldo con papas y bastante zarza (salsa a base de yemas de huevo), este plato servían a todas las personas que participaban acompañado de chicha, hasta el punto de chumarse para así colocarse el zamarro, cogían la guitarra y bailaban alrededor del lote, cargando las campanillas de bronce (lo hacían como un ritual para que se produzca con  amor y cariño los productos), el agua donde se lavaron las manos se botaba en los terrenos en forma de cruz o regando por todo el terreno, dándole un significado como símbolo el huevo de gallina (se creía que al hacer esto los terrenos producirían en abundancia).

En el tiempo de desherbado todos los huasipugueros  daban la mano para ayudar, de la misma forma para colmar (llenar un espacio con tierra), en ese tiempo no existían los azadones, pero se utilizaba una herramienta llamada cutis (herrería de fierro, ancho y pesado), manejaban unas palas como bateas (bandejas de madera) las cuales llevaba bastante tierra y con eso colmaban los diferentes productos sembrados en la tierra, se tenía la creencia que los yernos debían realizar este trabajo para saber cuál era el más fuerte.

Cada comunidad de cada sector cocinaba para todos los huasipugeros debido a que ellos trabajaban cosechando para la hacienda la Merced, ya que por sus largas extensiones estaban comprometidos a moverse de un lugar a otro, en ese tiempo preparaban arroz de cebada, morocho molido con trigo (los granos eran secados y molidos a mano en piedra para poder ser preparados). Los alimentos antiguamente no eran cocinados con sal, ni mucho menos llevaban papas. Los alimentos eran transportados antiguamente en pondos grandes para alimentar a los huasipunguero y estos los cargaban los hijos, hijas y hasta el propio dueño. Otra familia se encargaban de llevar mote pelado y la chicha (envasada en pondos llamado maltas).

Chicha
Mote cocido

El desnabe (pelado de hierba o huagra callo en kichwa) era el trabajo tanto para el hombre como la mujer e incluso los hijos mayores a 11 años tenían que poner yanapa (ayuda en kichwa). Cuando los terrenos de la hacienda La Merced se quedaban sin hierba para dar de comer a los animales de los huasipungueros, Zuleta pedía yanapa para que los mismos puedan atajar ganado y borregos, ofreciéndoles una porción de mote, queso, pan y media libra de carne, esto se consideraba un intercambio por la ayuda brindada.

Los huasipungueros de las haciendas viajaban a Cayambe con el fin de comercializar sus productos arriando 10 machos (mulas o caballos) que llevaban trigo y cebada. Antes la gente creía mucho en los astros, por ejemplo para castrar a los ganados o puercos se lo realizaba únicamente cuando no hay luna, esto era para que no sean arisco y se engorden, decían que un puerco con huevo no tiene precio, porque cuando lo compraban corrían el riesgo de que les cobren más por sacarle o muera en ese momento, por eso es mejor que sea castrado, de la misma forma el ganado es mejor vender en toro (con huevos) antes que en buey (sin huevo), el toro de 4 o 5 años tiene buen precio y su cogote (cabeza) llega a tener el peso de 4 o 5 arrobas de pura carne (son considerados los más fuertes), el buey solo se engorda y solo tiene pura grasa  en vez de carne. Todas estas enseñanzas que nos transmite la gente aborigen nos llevan a conocer un poquito más de nuestras cultura.

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