Rescatando Historias Ancestrales de Pueblos Escondidos

“Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé” Alfredo Vela

La cultura ecuatoriana abarca varias combinaciones de tradiciones españolas pre-incas, incas e indígenas. Esta variedad se muestra en la comunidad de Cochas – La Merced, parroquia de Angochahua, provincia de Imbabura, un mágico entorno rodeado de nevados y volcanes. La comunidad indígena está conformada por campesinos que dedican su tiempo al bordado local y a su vez a la agricultura, siendo así un pueblo conductor, que no descansan por mantener intacto lo ancestral de su cultura. Cabe mencionar también la importancia arqueológica que posee esta provincia, ya que en ella existieron asentamientos de la cultura Caranqui, delimitándose al norte el valle del Chota, Guayllabamba al sur; al este el río Intag y al oeste limitada con la Cordillera.

La agricultura era la principal actividad al poseer un clima templado. Se dedicaban al cultivo de productos agrícolas como maíz, papas, quinua, hortalizas y fruta local. También se dedicaban a la caza de animales como el tapir, venados, aves y a la crianza de animales domésticos (llamas, cuyes y patos). Los Caranquis desarrollaron algunas técnicas agrarias, como canales de riego, zanjas y terrazas agrícolas, todo esto nos enfoca como un claro ejemplo a la hacienda Zuleta, la cual se convirtió en un punto clave dentro de la historia de la comunidad y por ende llegó a tomar estas enseñanzas como modelo de gestión agrícola y ganadera con el fin de mejorar la vida cotidiana de los campesinos.

En busca de información más palpable, viajé a esta comunidad logrando recolectar información de la mano de María Elisa Churuchumbi y María Delfina Lechon Yánez, mujeres indígenas que contaron con sus voces, los saberes, tradiciones y gastronomía que vivieron en aquella época y a su vez manifestando que ahora con el pasar del tiempo han venido cambiando, a tal punto de irse perdiendo.

Nos cuentan que sus productos no era extensos como en la actualidad, en aquella época sembraban únicamente, habas, papas, cebada, trigo, pero sorprendentemente el maíz no era uno de sus ingredientes que podían tener al alcance, debido a que el clima no era apto por sus fuertes heladas (bajas temperaturas), se veían en la obligación de viajar e intercambiar productos (cebada, leche y habas) por maíz o morocho que eran traídos de San Pablo o Araque. El paso del tiempo ha hecho que algunos platos ancestrales se mantengan y son muy pocos los que conocen o han consumido, como por ejemplo: arroz de cebada, trigo pelado, papas con cascara, mashuas y ocas (utilizando el secado del sol para ser endulzadas), sopa de pan (caldo base de verduras, pan amasado con cebolla y manteca de ganado bovino, acompañado con huevo batido), pero todavía mantienen el mejor desayuno nutritivo que es el chapo (machica con agua de panela, tifo o anís). Algo muy tradicional que recuerdan son las habas calpo (tostadas en tiesto de barro y cocinadas), habas mote (secadas en el sol, remojadas y cocinadas), y esto para muchos sonara muy interesante o loco, pero no se desaprovechaba el líquido de cocción de las habas, por lo que con el almidón que se asentaba en el fondo de la olla preparaban ponche con huevo batido y machica.

Ellas también comentan un método tradicional de conservación de alimentos que utilizan muy pocas familias hoy en día, es el almacenamiento en los soberados (parte más alta de la casa). Cuentan que antes almacenaban papas y estas se dejaban por un largo periodo de tiempo hasta que llegue alcanzar la forma de un chuno (forma de ciruela pasa de color morado), lo cual les daba dulzura a las mismas y a su vez era infaltable en cada cosecha comerlas, acompañado de habas calpo y ají en piedra.

Para las bodas (también denominadas fiestas) se solía servir colada de uchu jacu, acompañado de borrego, mote, cuy y huevo. La chicha de jora tenia protagonismo en aquellas fiestas debido a que no era muy común prepararla ya que no se tenía la materia prima necesaria que era el maíz, pero su elaboración era muy trabajada, debido a que antiguamente los granos se molían en piedra y eran cocidos hasta punto de ebullición y tamizado para ser llevado a los pondos de barro. Estas chichas variaban entre familias debido a que utilizaban un ingrediente diferente ya sea el morocho, maíz o cebada.

Cada recuerdo en la memoria de estas 2 mujeres marcan un antes y un después de su cultura, tradición y gastronomía, porque para muchos pueden ser un tema interesante, pero para otros es algo que se está perdiendo y que si no contamos esas historias quedaran en un simple recuerdo.

Manifiestan que sus vestimentas también han tenido un cambio radical, en aquella época las  mujeres usaban Cauco Anaco (rustico en kichwa) de color negro, los cuales eran elaborados con lana de borrego, su proceso comenzaba con el lavado de la lana utilizando detergente y pipa jalla (fruta parecida a la naranjilla), luego pasaban al secado en donde se realizaba la técnica de cardado (separar y enderezar la lana), por último se ayudaban de la planta de sigse para obtener olcas (bolas grandes de lana de borrego).

Las faldas de las mujeres antiguas eran de plisados anchos amarrados con cabuya (cuerda en kichwa) en la cintura y para realizar los pliegues utilizaban el guato (cordón en kichwa). Dentro de sus accesorios cargaban hualcas gruesas bañadas en un 10% en oro sólido, candungas (aretes grandes de plata), sombreros grandes y oshotas de caucho con cuero de ganado.

El hombre a su vez utilizaba lienzo (pantalones de algodón blancos bordados, considerados como calzones)  los cuales eran cocidos a mano individualmente por cada hombre, acompañados de un liencillo (camisa blanca), para cubrirse del frio disponían de la ruana (poncho de lana de borrego) y por ultimo sombreros grandes que eran confeccionados en paño. En la actualidad ha tenido un cambio extremo debido que las faldas son de plisadas delgados, sus sombreros ahora son de gamuza, sus camisas son bordadas muy pocas a mano y otras a máquina o computadora, dejaron a un lado el uso de hualcas gruesas para cambiarlas por unas más finas; las alpargatas ahora son de espuma y ceda. Esto nos lleva a darnos cuenta que cada día se modifican las tradiciones, las culturas, la vestimenta y la gastronomía.

Las diferentes creencias, etnias e idiomas son elementos que se han ido perdiendo dentro de la comunidad de Cochas – La Merced, por eso se atentan sus derecho a través de una afectación de sus propias rasgos y los convierte en objetos obligados con el consumo. 

Las tradiciones orales y el patrimonio vital son ricos en contenido, habitan en la memoria y la historia de quienes la conforman, por lo que son considerados los frutos de la sabiduría, quienes difunden su conocimiento de generación en generación. Estos son aspectos que fortalecen la base de la identidad de las etnias por eso es indispensable establecer estrategias de información a través de los medios alternativos que identifiquen a las diferentes comunidades. Es por ello que se debería impartir una educación de carácter crítico analítico, donde se fomente la gastronomía, la cultura y tradiciones que vivían nuestros ancestros, lo que impulsaría al desarrollo de las comunidades afectadas por la presencia de la gran capital.

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